Un día una mirada se cruzó con otra mirada , el corazón latió más deprisa, y las mejillas se sonrojaron, se acercó y preguntó, quiso saber como se llamaban aquellos ojos verdes enmarcados entre rizos rebeldes, un quiero no quiero, un tiempo de tonteo y ya era tarde el amor había prendido, había echado raíces y los dos corazones estarían unidos para toda la vida, una vida de amor y desamor, de engaños y mentiras, pero estaban hechos el uno para el otro, ni juntos ni separados, y el destino se empeñó en que caminasen juntos, juntos con las manos entrelazadas, uno ayuda al otro para que no caiga y el otro no seguirá adelante si no continúan juntos, sus corazones están llenos de cicatrices, aquellas cicatrices producidas por una vida juntos y en común, pero las cicatrices no dicen a donde van si no de donde vienen, porque el camino no está marcado y no lo puedes elegir, el camino se hace al caminar, de nada vale mirar atrás, de nada vale intentar ver más allá del horizonte porque este cambia a cada paso que dan, y lo saben su camino acabará juntos de las manos, con penas y alegrías, dolor y risas pero juntos.