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Las malas palabras; las puteadas…

Las malas palabras; las puteadas…


Uno de los mayores dones del ser humano es la palabra, uniéndolas se forman frases, algunas débiles, otras más fuertes que un palazo en la cabeza.
Las malas palabras son usadas desde hace milenios, cada región las fue enriqueciendo y adaptándolas a su medio. De los 7.000 idiomas que se conocen en el mundo, hay una variación enorme en el tipo, el uso y hasta la cantidad de malas palabras
En ningún lugar del mundo se habla como se hace en nuestro país, tal vez se deba a la inmigración poli racial sucedida a fines del siglo XIX al XX. En Argentina algunas palabras y frases fueron mutando convirtiéndose en dichos ingeniosos, originarios del ambiente portuario, gauchesco o de las mismas cárceles. Se fueron haciendo tan populares como para enriquecer el habla en el lunfardo y en algunos de los hogares argentinos; tal vez no en todos que por considerarlos groseros y vulgares lo rechazaban, pero pudieron escapar a ese filtro moralista y religioso. Hoy todos y en todos los ámbitos se escuchan esas palabras y frases “soeces u ordinarias”; desde antes de nuestros abuelos se decían, ninguno está ajena a ellas o las ha incorporado a su vocabulario; aunque cause cierto escozor pronunciarlas como parte de nuestra habla cotidiana. Y así hemos crecido, desafiando a los mayores en vos baja en nuestra adolescencia para mostrar que ya somos dueños de nuestro propio lenguaje. Cuando nos convertimos en adultos las seguimos usando, más allá de esforzarnos en cuidar las formas. Nadie puede negar su fuerza expresiva única, para expresar enojo, la ira, alegría, calenturas (en todas sus formas). No existen las palabras malas, pero existen palabras significativas, de grueso calibre, que se aplican en determinadas oportunidades. Si a uno le putean a la madre, “H****”, no va a decir “¡Epa, boca sucia!”, sino que va a contestar con una puteada mayor, “andate a la ****”.
Hasta solo hace algunos años las mujeres de clase media y alta trataban de no usar el lunfardo en público. Algunas palabras que hubieran escandalizado a nuestras madres, hoy no se les presta atención. Los hombres si las usaban. Crearon palabras para hablar de la mujer, palabras para hablar de los homosexuales, etc. Las malas palabras, a veces, tiene un acción “farmacéutica o como la de un medicamento milagroso que, sino las reprimimos en el momento justo de decirlas, reduce nuestro estrés y nos relaja, nos descomprime, nos quita una “piedra” atragantada en la garganta; decir malas palabras hace que el corazón lata más fuerte y rápido y nos lleva a tener pensamientos agresivos que, paradójicamente, nos hace menos propensos a la violencia física. El putear a alguien tiene que ser agudo pero incisivo, sí uno se golpea un dedo con un martillo no dice “¡Ayyy que dolor!”, no, lo más usual es decir “la****que los pario me hice **** el dedo”.
Las expresamos en momentos de enojo de alegría, sí buscamos en la Real Academia de la lengua Española (Rae) la catalogan de vulgarismo, esa es la teoría arcaica y con reminiscencias Divinas o de la misma inquisición, pero los que no puteamos nos reprimimos por ser humanos y no tener otras palabras dentro del léxico culto y puro de las iglesia o de la alta sociedad. Cotidianamente no existe sinónimos en un momento explosivos que son irremplazables: el “boludo” se ha vuelto irremplazable, con cariño él: “che boludo” o agresivo: es “re boludo”. Con raíces sexuales o escatológicas ofensivas que ya no nos asombran. A diario decimos o escuchamos sin que nos inmute por las circunstancias en que se dicen: “pelotudo”, “boludo”, “pajero”, “la concha de la lora”, “puta”, puto, putón”, “andá a cagar”, “****”, “andate a la ****”, etc. En el contexto adecuado no nos tiene que dar vergüenza, sino comprender el motivo y el momento en que se dicen.
Una mala palabra real es él hambre, la guerra, él corrupto, el violador, el misógino, la xenofobia, el violento. Por eso no seamos tímidos, en el momento correcto y en un lugar indicado nos hace bien expresemos con una buena y acorde puteada.

Marcelo Castelli






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Publicado hace 1 año Publicado hace 1 año
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